Inmigrante venezolano: De deportado ha abogado y oficial del Ejército en EE.UU.

Publicado el 11 de marzo del 2024

Mi nombre es Juan Antonio Lozada. Soy abogado, fundador de The Law Office of JAL, veterano del Ejército de los Estados Unidos, y orgullosamente un inmigrante venezolano. Esta es mi historia. No es una historia perfecta. Es una historia de errores, segundas oportunidades, sacrificios, y una resiliencia que, como muchos inmigrantes, me ha definido.

En este episodio especial de nuestro podcast quiero abrir mi corazón y contarte cómo llegué a donde estoy hoy. Cómo pasé de ser un joven inmigrante venezolano deportado en un aeropuerto a convertirme en ciudadano estadounidense, abogado, militar y defensor de los derechos de otros inmigrantes como yo.

El inicio de un inmigrante venezolano y el sueño truncado en Miami

Tenía apenas 20 años. Vivía en Mérida, Venezuela, estudiaba inglés en un instituto privado, y cursaba estudios universitarios. En ese momento, como tantos jóvenes soñadores, creía que los Estados Unidos representaban la oportunidad de mi vida.

Una profesora me habló de una supuesta oferta de trabajo en Carolina del Norte. Sin saber cómo funcionaban las leyes migratorias, viajé a Miami con visa de turista, $500 en el bolsillo, y un pasaje de regreso que indicaba tres meses de estadía. En la aduana dije que me quedaría solo dos semanas.

El oficial notó la discrepancia, revisó mi maleta, y encontró una carta de mi novia deseándome suerte en mi nuevo trabajo como lavaplatos. En cuestión de minutos, mi visa fue cancelada, fui esposado y encerrado por 11 horas en una celda del aeropuerto. En ese momento sentí que mi historia en EE.UU. había terminado. Pero a veces, el destino guarda giros inesperados para un inmigrante venezolano dispuesto a luchar.

El amor como puente de regreso para un inmigrante venezolano

Esa novia que me escribió la carta era ciudadana estadounidense. Nuestra relación era seria, y a pesar de lo que ocurrió, decidimos casarnos. Ese acto cambió mi vida. Gracias a ese matrimonio, pude iniciar un proceso legal para regresar a los Estados Unidos de manera formal.

Me mudé a Austin, Texas, un oasis liberal en un estado profundamente conservador. Allí, como inmigrante venezolano, viví un proceso profundo de adaptación cultural y descubrimiento. Ingresé a la Universidad de Texas en Austin, una de las instituciones más prestigiosas del país.

Fue allí donde entendí realmente lo que significaba ser latinoamericano, lo que implicaba ser venezolano fuera de mi país. Descubrí lo que la historia oficial no me había enseñado. Estudié desde otra perspectiva, y comprendí que mi identidad era una fuerza, no una desventaja.

El sueño de ser abogado: un inmigrante venezolano en la universidad

Siempre quise ser abogado. Sabía que para llegar a la facultad de Derecho en EE.UU., primero debía obtener un título universitario. Lo logré en Austin, y luego fui admitido en la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Ohio.

Dos semanas después de empezar mis estudios, ocurrió el atentado del 11 de septiembre de 2001. Fue un momento de cambio para todo el país, y también para mí como inmigrante venezolano. La desconfianza hacia los extranjeros aumentó, los procesos migratorios se endurecieron, y eso retrasó mi solicitud de ciudadanía.

Durante mi entrevista para naturalizarme, surgió el expediente de mi deportación anterior. Me sentí vulnerable, expuesto, temiendo que todo lo que había construido pudiera desmoronarse. Pero había sido honesto en mi solicitud. Gracias a eso, pude demostrar que no había ocultado información, y finalmente obtuve mi ciudadanía estadounidense.

Un inmigrante venezolano con uniforme militar

Convertirme en ciudadano me llenó de gratitud. Vi cómo muchos de mis compañeros eran activados para servir en el ejército y decidí hacer lo mismo. Fue mi manera de devolverle algo al país que me había dado tanto.

Me enlisté como oficial del Ejército de EE.UU. y serví durante 15 meses en Bagdad, Irak. En medio de un conflicto complejo, nació mi segundo hijo. No estuve presente. Lo conocí semanas después de su nacimiento. Mi hija mayor, nacida en Venezuela, ya tenía seis años.

Acompañé a soldados norteamericanos en operaciones difíciles. Vi sufrimiento, dolor y también ejemplos de valor. Como inmigrante venezolano vestido con el uniforme de las fuerzas armadas, sentí la carga de representar a un país que había elegido, no por azar, sino por convicción.

Experiencias internacionales y el poder del puente cultural

Después de Irak, fui asignado a Heidelberg, Alemania, donde formé parte de misiones de investigación de crímenes dentro del sistema militar. Viajé por Europa, estuve en Kosovo, y posteriormente en Latinoamérica.

Allí serví como jefe de Derecho Internacional para el Comando Sur del Ejército de EE.UU. Mi tarea era capacitar a militares de países como Colombia, Perú, Chile o El Salvador en el uso de la fuerza y el derecho humanitario.

Como inmigrante venezolano, hablaba su idioma, conocía su cultura. Pero llevaba el uniforme estadounidense. Tenía que construir puentes, generar confianza, traducir conceptos legales en realidades comprensibles. Aprendí el poder de la empatía, la escucha y la conexión humana.

Un inmigrante venezolano construye su propia firma legal

Tras casi 10 años de servicio militar, mi salud ya no me permitía continuar. Me retiré del ejército y pasé a trabajar como fiscal federal. Más tarde, exploré el sector privado. Pero en 2017, en abril, tomé una decisión clave: fundé The Law Office of JAL.

Mi firma nace desde la vocación de servicio. No es un negocio, es una misión. Ayudar a otros inmigrantes venezolanos, colombianos, mexicanos, hondureños, salvadoreños o haitianos a encontrar un camino legal en este país que tantas veces parece cerrarnos las puertas.

Lecciones de vida que solo un inmigrante venezolano puede comprender

He vivido en carne propia lo que muchos de mis clientes enfrentan: miedo, incertidumbre, errores, prejuicios, exclusión. Pero también he experimentado segundas oportunidades, apoyo, educación, y una inmensa capacidad de recuperación.

Ser un inmigrante venezolano me ha obligado a reinventarme muchas veces. A adaptarme a nuevos idiomas, nuevas culturas, nuevas reglas. Me ha forzado a fallar y a seguir. A sentir que todo se acaba… y a empezar de nuevo. Esa resiliencia no es debilidad. Es poder.

El mensaje que quiero dejarte si tú también eres un inmigrante venezolano

Si estás leyendo esto y tú también eres un inmigrante venezolano, déjame decirte algo: No estás solo. Tu experiencia, por dura que haya sido, te ha preparado para desafíos que otros no podrían manejar. No te enfoques en lo que te falta. Mira todo lo que ya has superado. No te compares con quien no ha tenido que cruzar fronteras, dejar su hogar o adaptarse a un mundo distinto. Tú tienes una ventaja: sabes sobrevivir, sabes reconstruir, sabes seguir adelante.

Si estás comenzando tu proceso migratorio, si fuiste detenido en el aeropuerto, si tienes miedo de ser deportado o simplemente no sabes qué camino tomar, yo estuve allí. Hoy, como abogado, puedo ayudarte a construir un plan legal sólido para ti y tu familia. No esperes a que sea demasiado tarde.

Esta no es solo mi historia. Es la historia de miles de personas como yo: de cada inmigrante venezolano que llegó a EE.UU. con esperanza, miedo y coraje. Es la historia de una comunidad que ha demostrado que, a pesar de los obstáculos, somos capaces de contribuir, crecer y transformar vidas. Hoy, cuando miro hacia atrás, sé que valió la pena. Y si estás por comenzar tu camino, te digo con el corazón en la mano: también lo será para ti.

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